La IA como transformación del paradigma productivo del capitalismo

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Un aspecto fundamental del desarrollo tecnológico en el capitalismo es la renovación de las bases materiales de la acumulación. Estados y corporaciones invierten ingentes cantidades de recursos para crear y mejorar tecnologías que permitan obtener mayores ganancias. En la actualidad, estas transformaciones gravitan en torno a la convergencia de las tecnologías de la automatización flexible, las de la información, y las de vanguardia. Sus combinaciones crean tecnologías transversales de síntesis, es decir, que afectan al conjunto del cuerpo social. En este texto mostramos la importancia creciente de la inteligencia artificial (IA) como intento de revitalización del capitalismo.

La IA es un campo de síntesis que potencia a niveles sin precedentes el dominio capitalista sobre la producción, la reproducción, las relaciones sociales y las relaciones con lo no-humano. Constituye la cima histórica de la subsunción real del trabajo en el capital, al ampliar tanto la apropiación de los conocimientos como la automatización de la producción: abarca tanto la automatización de las tareas como la sistematización de conocimientos y, eventualmente, la toma de decisiones sin intervención de una persona. En ese sentido, la IA se perfila como la principal tecnología transversal del capitalismo contemporáneo.

Bajo el paradigma productivo basado en la producción de masas y la energía barata, el petróleo y los energéticos eran la principal base material, y los combustibles y la generación de energía eléctrica eran las principales tecnologías transversales. En la actualidad, la información de todo tipo es la materia prima básica, a partir de la cual, la IA articula las diversas actividades que procesan la información.

En tanto ámbito de síntesis, la IA es la articulación compleja de una cantidad creciente de tecnologías. Está basada en algoritmos, operaciones matemáticas de codificación cuya complejidad no deja de aumentar, permitiendo el procesamiento de información cada vez más eficiente. En su forma más simple, las tareas de IA resultan de operaciones de inferencia calculadas a partir de una gran cantidad de casos, cuya clasificación establece respuestas típicas ante ambientes (preguntas, problemas por resolver) determinados. En ese sentido, podemos hablar de un conocimiento deductivo generado en ambientes o situaciones preestablecidas.

Uno de los ejemplos típicos de ello son los vehículos de conducción autónoma cuya operación correcta, es decir, llegar a su destino sin cometer errores, requiere del conocimiento previo del ambiente en que se realizará el desplazamiento (calles, señales y reglas del tráfico, clasificación de los objetos y situaciones con los que interactuará el vehículo, etc.), así como de las acciones necesarias para su operación. Estos vehículos ejecutan una rutina compleja y no lineal de programación.

Situados en la frontera de la IA, el avance radical que representa este conjunto de tecnologías consiste en el tránsito de la imitación de operaciones realizadas por personas a la “generación de razonamientos”: implica tareas de cálculo de manera similar a las máquinas de control numérico y las computadoras, pero incorpora otro tipo de operaciones de tratamiento de información que de manera paulatina, permiten “generar” conocimiento mediante la imitación de algunas de las tareas más complejas de la mente humana, como la intuición, que produce reacciones “correctas” ante situaciones imprevistas, y que se transforma en aprendizaje y resolución de problemas. Entre los avances más recientes en la articulación de esta tecnología están: 1) en términos de procesamiento de la información, el aprendizaje profundo, cuyos algoritmos modelan abstracciones y generalizaciones; 2) en el campo de las aplicaciones a la gestión y el control social, el reconocimiento facial, tecnología de uso civil y militar que se incorpora tanto en los teléfonos móviles como en dispositivos de vigilancia del espacio público; 3) en el ámbito militar, la articulación y conducción de enjambres de robots “suicidas”.

Dada la complejidad de la IA, la mayor parte de sus elementos están siendo desarrollados por laboratorios y empresas pequeñas y medianas. Sin embargo, las formas más acabadas de este conjunto de tecnologías son las elaboradas e incorporadas por empresas dedicadas a otras actividades, debido a que el manejo de enormes y crecientes cantidades de información es el campo principal de desarrollo de esta tecnología transversal. Además del tamaño de la base de usuarios, es preciso tomar en cuenta que los contenidos que circulan en plataformas como Google, Facebook, YouTube y Amazon, implican montos crecientes de tráfico de información, principalmente imágenes y videos. Ello requiere de infraestructuras y programas de manejo de contenidos con altísimas capacidades de procesamiento y desempeño en constante mejora. Debido al crecimiento de las plataformas y servicios, tanto en número de usuarios, como en la cantidad de información que manejan, la IA constituye la principal apuesta de lograr un desarrollo tecnológico capaz de gestionar el crecimiento exponencial de las actividades de las corporaciones tecnológicas dominantes.

Un indicador general del crecimiento acelerado de las cantidades de información que deben ser procesadas lo constituye la “población” de la nación internet. De acuerdo con la Unión Internacional de Comunicaciones, entre 2005 y 2025 el total mundial de usuarios de internet pasó de mil a 6 mil millones de personas (cifra equivalente a 74% de la población mundial), de los cuales 1.3 mil millones corresponden a China, mil millones a India y 324 millones a Estados Unidos; estos tres países concentran 43% del total mundial de usuarios. El tráfico en las redes también presenta un crecimiento exponencial (409 exabytes mensuales en 2025). Ambos indicadores muestran el alcance del internet en el mundo, y la importancia de las tecnologías que hacen posible su funcionamiento. Diferentes usos de la IA en internet están en la base de la expansión de esa red de redes.

Es posible trazar los contornos de la nueva relación entre las grandes empresas y la información, mismos que marcan la tendencia de los nuevos procesos capitalistas de producción, mediante tres ejemplos típicos:

  1. Las redes sociales, que representan la vertiente con mayor crecimiento en los años recientes en términos de usuarios. Facebook abrió su servicio al público en general en 2006, dos años después contaba ya con 100 millones de usuarios y en 2025 saltó hasta 3,070 millones, cifra que equivale a 37% de la población mundial (8,200 millones de personas); las plataformas de Instagram y WhatsApp, cuentan con 3 mil millones de usuarios cada una, y están seguidas por YouTube (2,580) y Tik Tok (1,990).
  2. El comercio electrónico constituye el ejemplo de éxito económico más importante en los años recientes. Statista estima que 20% de las ventas globales al menudeo se realizan mediante tiendas en línea, pasando de 1.3 a 6.9 mmd entre 2014 y 2025, un crecimiento mayor al del conjunto de la actividad comercial. El comercio electrónico también es un vector de expansión de las nuevas tecnologías, en la medida que cumple una función crucial de la reproducción social: la intermediación entre producción y consumo. A partir de un seguimiento de las tiendas en línea más visitadas en cada país, Fred O’Brien (Age of Ecommerce Empires, 2018) esboza los imperios del comercio electrónico, destacando tres grandes empresas: Amazon, presente en 58 países con un mercado potencial de 1.2 mil millones de personas; Alibaba, presente en 15 países y con una población en línea de 1.07 millones de personas; y Mercado Libre, presente en nueve países y con un mercado potencial de más de 341 millones de personas. La magnitud de estas plataformas implica el desarrollo de aplicaciones de IA que permitan la consulta permanente tanto del extenso catálogo de ofertas, como de las funciones de sugerencias, envíos y pagos, representando ingentes aumentos del procesamiento de datos y del tráfico en internet.

3. Las plataformas de la llamada economía colaborativa. Se trata del uso de nuevas tecnologías para abrir espacios a la valorización del capital, mercantilizando actividades que se realizan de forma artesanal y permitiendo la realización de nuevas actividades en formas capitalistas. Sobre la base de sistemas de operación similares al comercio electrónico, plataformas como Uber y Air B&B, han logrado abrir nuevos espacios de obtención de ganancias. Estas actividades están basadas en sistemas de información que gestionan tres aspectos básicos: existencias, disponibilidad y geolocalización, mismas que requieren del escalamiento constante de las infraestructuras y de la capacidad de procesamiento, todo ello ligado a aplicaciones de IA.

Dentro de este rubro, un ámbito en expansión son las plataformas de “trabajo colaborativo”, que ponen en contacto a trabajadores y clientes a partir de relaciones basadas en el pago por tarea. Tanto las empresas que crean y mantienen las plataformas, como la prensa económica, destacan las virtudes de estos servicios; empero, desde el punto de vista de las empresas contratantes, el “trabajo colaborativo” favorece la obtención de ganancias a partir de dos prácticas principales: 1) eliminar la relación contractual con los trabajadores y 2) gestionar las necesidades de incorporación y expulsión de trabajadores sin respetar las regulaciones laborales: se trata de la maximización de la llamada flexibilidad, léase, la superexplotación de los trabajadores.

Estas formas de trabajo cobran importancia en los años recientes. Así, por ejemplo, en 2024 la empresa Uber reportó 180 millones de usuarios, 6 millones de asociados en 70 países y más de 15 mil ciudades, 64 mil millones de viajes realizados desde 2010, y 36 millones de viajes y entregas diarias. Esas cifras indican que la plataforma Uber debe ser capaz de mantener enlazados a millones de usuarios y conductores, así como proporcionar la geolocalización y las posibles trayectorias de los viajes contratados, al tiempo que calcula las tarifas y realiza los cobros.

En 2017, la Oficina de Estadísticas sobre el Trabajo de Estados Unidos situó el número de “trabajadores contingentes” en 3.8% del total de empleados. Kuek et al. (The Global Opportunity in Online Outsourcing, 2015: 23) estiman que en 2013 el mercado de la subcontratación en línea (online outsourcing) generó ingresos por 2.1 mmd, cifra que incluye los pagos a los empleados y las cuotas retenidas por las plataformas.

Como en el caso del resto de los nuevos campos de valorización, la cantidad de información que manejan apuntala tanto el uso creciente de la inteligencia artificial para mejorar el desempeño de las plataformas, como el aumento de las inversiones destinadas a desarrollar esa tecnología. Los flujos crecientes de información requieren de infraestructuras e interfaces de capacidades y desempeños en constante aumento: la creación de tales elementos es la base del éxito económico y social de las grandes empresas tecnológicas y de las empresas e iniciativas innovadoras que hoy dominan la llamada economía digital.

Las nuevas tecnologías e infraestructuras también representan una sólida posición monopólica, en tanto los costos de su desarrollo son inalcanzables para la mayoría de las empresas que compiten en estas actividades. La trayectoria de las empresas líderes enfrenta un nuevo desafío: el procesamiento de las enormes masas de información que necesitan para seguir perfeccionando sus bases productivas y para seguir expandiendo sus campos de actividad. Es en este terreno que la inteligencia artificial cobra una importancia estratégica al combinarse con la automatización flexible y crear una base de producción más diversa y más productiva.

Finalmente, es preciso ubicar a los sujetos que impulsan y se benefician de estos macroprocesos. La transformación de la organización productiva es guiada por ciertas empresas, que a partir de su liderazgo establecen las pautas en torno a las cuales se desarrollan los mercados en los que participan. Tales son los casos de IBM, Microsoft e Intel en los años ochenta del siglo XX, que por medio de la estandarización de la computadora personal generaron uno de los mayores mercados de la informática mundial. En la actualidad, los gigantes tecnológicos desempeñan un papel similar en sus respectivos mercados. Con cierto humor negro, la prensa económica se refiere a ellos como faanGs (Facebook, Amazon, Apple, Netflix, Google). En efecto, estas empresas son los “colmillos” del capitalismo contemporáneo ya que han logrado establecer sus principales productos como los estándares mundiales en el intercambio de contenidos, el comercio electrónico, las computadoras y teléfonos portátiles, así como los contenidos multimedia y los bancos de información en línea.

Los desempeños económicos y las posibilidades tecnológicas que está abriendo la aplicación de la IA a la producción capitalista, constituyen la principal vertiente de recomposición del sistema. El tránsito desde estas posibilidades hacia su generalización, depende de factores ligados tanto al conflicto social como a la geopolítica, así como a la creciente monopolización de las nuevas tecnologías por parte de los gigantes tecnológicos. Las relaciones de poder vigentes apuntan hacia una incorporación puntual de la IA en las actividades controladas por los monopolios, y creando un creciente abismo tecnológico respecto del resto de los tejidos de producción. De tal forma que la revitalización prometida creará sociedades cada vez más excluyentes y polarizadas.

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Artículo publicado en la Revista América Latina en Movimiento No. 559: https://www.alai.info/wp-content/uploads/2026/02/ALenMovimiento_559_febrero2026_Espanol-14-17.pdf

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